De la primavera en Madrid

De la primavera en Madrid Parque del Payaso Fofó, en Puente de Vallekas.

Se me olvida de un año para otro que cuando se acerca la primavera Madrid se vuelve amable —o lo aparenta—. Aún hace frío pero las tardes soleadas invitan a pasear. Se trata del presagio o de la necesidad de una primavera tibia y sin complicaciones.

Otro año estaríamos ya contando los días para salir de viaje.

Hay un restaurante de carretera en la A92 a la altura de Paradas en el que una vez le hicieron un puré a Óliver fuera de carta. Tendría poco más de un año y la dueña lo cocinó con el mimo único con que se hacen las cosas para los niños de esa edad. Le expresamos un agradecimiento extremo y primerizo y el niño comió hasta la última cucharada. Parece un pasado lejano pero debió de suceder hace no más de tres años.

Hace un tiempo que decidimos no salir de Madrid en Semana Santa. Me espantan los atascos masivos y las aglomeraciones de las tardes cofrades. Nunca entendí esa necesidad de congregarse ante una procesión como ante un equipo de fútbol, o ya lo he olvidado. Prefiero la calma de una mañana soleada de invierno en algún pueblo de la costa andaluza. Sin embargo, me atraen el sortilegio de la luna llena del jueves santo y el silencio que va quedando en la noche cuando se vacían las calles.

Salgo con los niños por el parque y echo en falta un mar al que mirar. Madrid es un océano de ladrillo y asfalto con algunos rincones en que se respira, como este parque: la orilla tranquila del mundo en que ahora vivo.

G.G.Q.
Madrid, 18 de marzo de 2021