Dos anécdotas sobre Tales de Mileto

Urania, musa de la astronomía, revela a Tales de Mileto los secretos del cosmos (Antonio Canova, 1799) Urania, musa de la astronomía, revela a Tales de Mileto los secretos del cosmos (Antonio Canova, 1799)

Sobre Tales de Mileto, hay muchas cosas que perduran en la memoria colectiva, aparte de sus aportaciones fundacionales a la filosofía presocrática y de su famoso teorema sobre los triángulos rectángulos. Escribió Esopo la siguiente fábula:

Un astrónomo tenía la costumbre de salir todas las noches a observar las estrellas. He aquí que un día que andaba recorriendo los arrabales y con toda su atención puesta en el cielo por descuido cayó a un pozo. Como se lamentaba y gritaba, alguien que pasó por allí oyó sus lamentos, al acercarse y ver lo que le había ocurrido dijo: «¡Pero hombre! ¡Tú, que intentas ver lo que hay en el cielo y no ves lo que hay en la tierra!».

La fábula se inspira en una anécdota que, según el Teetho de Platón, le sucedió al filósofo Tales de Mileto.

— Este chiste puede aplicarse a todos los que hacen profesión de filósofos —explica Sócrates a Teodoro en el diálogo platónico—. En efecto, no sólo ignoran lo que hace su vecino, y si es hombre o cualquier otro animal, sino que ponen todo su estudio en indagar y descubrir lo que es el hombre, y lo que conviene a su naturaleza hacer o padecer, a diferencia de los demás seres. ¿Comprendes, Teodoro, a dónde se dirige mi pensamiento?

Para escarnio eterno de Tales de Mileto, la eternidad es burlona y la anécdota es recordada con sorna. Quod est ante pedes nemo spectat, caeli scrutantur plagas, escribió Ennio: «Nadie considera lo que está ante sus pies cuando busca las regiones del cielo». El fabulista Jean de la Fontaine recoge también el suceso en el siglo XVII para reimpulsar la vergüenza del pobre Tales.

Yo también anoto, por enésima vez, el incidente del pozo, pero esta vez lo acompaño de una segunda anécdota que quizás sirva de redención —acaso parcial—. Sobre Tales de Mileto, Cuenta Aristóteles en su Política (1259ª):

«Se le reprochaba su pobreza porque demostraba que la filosofía no servía para nada. Según la leyenda, supo por su conocimiento de las estrellas, cuando aún era invierno, que se presentaría una gran cosecha de aceitunas el año siguiente; así, habiendo poco dinero, dio créditos para el empleo de todas las prensas de olivos de Quíos y Mileto, que había alquilado a bajo precio porque nadie compitió con él. Cuando llegó el tiempo de la cosecha, y se necesitaban muchas prensas de repente, él las alquiló al precio que quiso, y ganó muchísimo dinero. Así mostró al mundo que los filósofos pueden enriquecerse fácilmente si quieren, pero que su anhelo era otro».

G.G.Q.
Madrid, 5 de diciembre de 2025