Mares y océano
Newport Beach, CA, United States. Foto de Noah Munivez.En una noche que parece ya demasiado lejana como para haber sucedido de verdad, Óliver y yo salimos a dar un paseo a la orilla del mar. Caminábamos y charlábamos y decidimos acercarnos a la orilla. Papá, podemos acercarnos para cerrar los ojos y escuchar el sonido del mar. Quiero acercame para cerrar los ojos y escuchar el sonido del mar. Además de esa visión lírica del mundo que empieza a despertar en él, ese gusto contemplativo por la belleza del bosque o del mar, creo que había en él la intuición de este hecho enigmático: el mar, como el firmamento, nos fascina sobre todo por lo que esconde, por lo que no se ve, que es lo que nos invita a imaginar. Además, al poco de acercarnos y sentarnos en la arena, se levantó una bruma densa y poseidónica en el horizonte que, pronto, se arremolinó y llegó a la orilla, el fantasma de una ola silenciosa. Las lineas de la costa se borraron y los pocos pescadores que había cerca se convirtieron en voces vagas en la tiniebla. Estábamos frente al mar Mediterráneo —nuestro doméstico mar interior, "entre las tierras" en casi todos los idiomas: Mar Medi Terraneum / Mesogeios Thalassa (Μεσόγειος Θάλασσα) / al-Baḥr al-Mutawāsiṭ (البحر المتواسط)—. Pero yo me puse a pensar en el Océano.
No podemos saberlo con exactitud, pero parece ser que el primer mapa del mundo (conocido), dibujado por Anaximandro, representaba la tierra dividida en tres partes: Europa, Libia y Asia. El río Nilo separaba Libia de Asia y el río Phasis, desembocando en el mar Negro, separaba Asia de Europa. Entre Europa y Libia estaba el mar Mediterráneo cuyas costas se conocían mucho mejor. ¿Y más allá de todo esto? Más allá estaba el Océano, un enorme río que rodeaba al mundo.
Los griegos, grandes navegantes, miraban al Océano como quien mira un abismo, el límite mortal del mundo, hacia donde los dioses habían enviado a los monstruos. Alejandro en su avance hacia Asia había cruzado el enorme río Indo y sus afluentes y se había enfrentado a la lluvia diluviana del monzón tras luchar contra un rey persa que conducía un ejército de elefantes. Los confines reales fueron exagerados por las crónicas propagandísticas de la época y excitaron la imaginación de quienes escuchaban aquellas historias: aquellos límites geográficos eran la orilla de lo desconocido.
El Grabado Flammarion en la versión de Hugo Heikenwaelder, Viena (1998)..A nuestras espaldas, las voces del paseo paseo marítimo bogaban apagadas por un viento brumoso. En la orilla del mar, por la noche, me he sentido siempre en la orilla del Universo, ese lugar en "el que el cielo y la tierra se encuentran", como rezaba el pie del grabado Flammarion, en el que un misionero encuentra un lugar más allá del horizonte por donde atravesar la bóveda celeste y descubre la maquinaria que hace funcionar a los cielos. Para los griegos, el cosmos (κόσμος) era la antísesis de caos (Χάος): un ornamento ordenado del mundo. Creo que fue Pitágoras el primero en utilizar este término. Tumbado en la arena, frecuentemente, solía mirar las estrellas y preguntarme qué habría más allá, o si aquello que se veía era lo que parecía. ¿Había una estrella justo allí de verdad o era un espejismo? La Cruz de Einstein es un cuásar de la constelación de Pegaso cuya luz, distorsionada por los efectos de la gravedad, se ve desde la Tierra como cuatro puntos luminosos en cruz.
Mar pequeño: en un lugar cercano tras la bruma, están las costas de África. La bruma lo oculta a todo y le da al mar, a la vez, una apariencia de muro y de infinidad cósmica. Óliver respira hondo, huele el salitre, y cierra los ojos. Yo también. Si alguien nos mirara desde África, desde algún punto de la constelación de Pegaso, diría de nosotros que estamos en la lejanía oceánica del Universo. Respiro con la cadencia del oleaje, yo respiro y suena el agua, como antes, cuando salía a remar. No me había dado cuenta hasta ahora de que, como en el viejo mapa de Anaximandro, además del océano y el cosmos hay otro mar extenso e ignoto que rara vez nos atrevemos a surcar: el mar nebuloso que se extiende hacia nuestro interior.
G.G.Q.
Madrid, 22 de agosto de 2025





