La nuit crie ton nom
Sierra Nevada vista desde GranadaMe acordé hace unos días de unos versos de Dominique A, de un disco de hará quince años:
«C'est Lob Nor qui t'espère, l'Inlandsis qui t'appelle
La Sierra Nevada qui la nuit crie ton nom
Et c'est la Grande Bleue qui rehausse le ciel
Chacun d'eux te réclame et t'offre l'horizon».
El horizonte queda oculto tras las cumbres de Sierra Nevada, un espejo que refleja los colores hipnóticos del atardecer de la vega. La hemos encontrado así, al llegar a la estación de ferrocarril de Granada. Los tonos del atardecer son la huella dactilar de las ciudades, el rasgo único que las distingue como un nombre propio silencioso.
Las guitarras de Dominique A, en bucles sobrepuestos, vibraban con sus ecos y sus delays, miles de poliedros que que llenaban el espacio como la luz nívea de la sierra al verterse sobre la ciudad de Granada. Terminaba la canción por deshacerse en un caleidoscopio de melodías que se sucedían como acercándose a un horizonte siempre oculto, inalcanzable.
(Pero otras veces, debes saberlo, basta con contemplar: escuchar la música y observar la montaña sin pensar hacia dónde va o qué esconde, pausarse, descansar la mirada como descansan los copos de nieve en las faldas recién teñidas de Sierra Nevada).
G.G.Q.
Granada, 27 de diciembre de 2020




