Días de niebla

Niebla en una calle de Puente de Vallecas Niebla en una calle de Puente de Vallecas

La niebla anuncia la Navidad: el engaño de la noche de Reyes, la desilusión del premio de lotería, la gula y otros pecados capitales.

En Madrid esta niebla espesa es lo más parecido que hay al mar y el invierno árido de la meseta es lo que queda del verano de los nuevos propósitos. Se confunde en algunas calles el olor a picón de las casas lejanas: hay pueblos de provincias hibernando dentro de esta ciudad, pero todos ellos carecen de costa.

Aunque esté feo decirlo podría hacer una lista con lo mejor de este año y con lo que quiero para el que viene. Todavía quedan ganas de querer.

Por las calles ya no queda ni un alma. Nadie acelera en las esquinas ni hay quien se refugie en la obscuridad de las aceras. Ni siquiera cantan las niñas gitanas.

La niebla lo cubre todo como si el año cerrara ya los ojos: hay una nube de cansancio borrando los edificios y las aceras, difuminando las copas de los árboles, el telón lento y silencioso del final de la función.

G.G.Q.
Madrid, 23 de diciembre de 2020