Tiempo de temblores
Aunque hace mucho tiempo de la última vez que sentí uno, recuerdo cómo era un terremoto: un escalofrío que recorre también las paredes de la casa y hace erizarse los muebles y crujir las maderas. Las ventanas tiemblan y las vajillas tintinean. Se pone de gallina la piel de las paredes hasta desprenderse la pintura. El tiempo se prolonga y unos pocos segundos se hacen eternos. Luego no pasa nada.
De niño, la confusión se despejaba porque escuchaba a mi abuela alzar la voz alarmada, «¡adiós! un terremoto», y entonces sabía, antes de darme cuenta por mí mismo, qué estaba pasando. Una vez el sismo movió el carrito de mi hermana Julia —sería un poco mayor de lo que Emma es ahora—. Mis abuelos estaban con ella en el dormitorio y yo veía la tele en el salón. Ella, según me dijeron, miró alrededor como queriendo ver quién la zarandeaba. Quizás eso es lo aterrador: no saber quién ni cuándo ni por qué esa fuerza invisible menea el mundo de uno y le pone las tripas del revés.
La última vez que noté uno yo tenía veintipocos: estaba en mi habitación, de pie, ordenando cedés o cogiendo libros. Pensé que me mareaba. Sonó la persiana como si hiciera mucho viento y las estanterías gimieron. Algunas veces, la horizontalidad de la onda sísmica mece las lámparas y las habitaciones parecen desestabilizarse como un navío en un naufragio. Después, en verdad, no pasa nada.
Mi abuela de vez en cuando se acordaba y pensaba para sí: «hace tiempo que no da un terremoto». Y luego venía a decírmelo: «me he acordado esta mañana de que hace tiempo que no da un terremoto». Era una de las pocas cosas, que yo recuerde, que le daba verdadero miedo.
Ahora que Granada tiembla pienso que esos segundos de incertidumbre se prolongan ya muchos días. Hablo con vosotros, me contáis vuestros miedos, me habláis de la incertidumbre y del ahogo de la ansiedad. Como siempre, estoy lejos: nunca estoy estoy en el lugar en el que suceden las cosas. Pero imagino cómo son estos días: el movimiento de la tierra que, una vez que se detiene, sigue temblando por dentro de uno.
G.G.Q.
Granada, 29 de enero de 2021




