Tr3s esf3ras

Hay veces que corres con cada músculo: intentas levantar la rodilla hasta la altura exacta y sientes que el suelo impulsa tu pisada y los brazos oscilan como bielas frente al tórax abierto. Tu pecho apunta hacia lo hondo del camino y el camino es parte de cuerpo, lo hondo del camino es lo más profundo de ti y cuando avanzas te adentras en un lugar diferente. Hay quien dice que correr es como meditar. Inspiras y expiras, avanzas hacia dentro, piensas en la última persona con la que has hablado y al poco deseas la paz mundial o reflexionas sobre la demostración matemática de la fórmula de las ecuaciones cuadráticas. Todo es uno. Como cuando sueñas, al correr tienes ideas brillantes —seguro— que crees que recordarás, pero luego lo olvidas todo y todo se queda en nada.

Fragmento 1

El pinar al atardecer: el camino te apunta al pecho. Te preguntas qué hay al otro lado de los árboles. Corres y pasas junto al huerto —fue antes de que le prendieran fuego—. Había marea de tormenta, un nimbo rizado surgía tras los cedros, y el mirador, vacío de gente, naufragaba en el fracaso de su paisaje: el tentáculo de las autopistas asfixiaba con sus peajes los límites difusos de Madrid. La ciudad te apunta al pecho. No quedan dioses en el horizonte. Miras un reloj que no da la hora y descubres en tu brazo el púrpura del ocaso.

Fragmento 2

Otras veces, corres sin utilizar tu cuerpo. Me empujaron en silla de ruedas por el pasillo del hospital. Es como meditar. Me hacían preguntas y yo guardaba silencio porque de repente ya no había ni músculo ni pinar ni pasillo ni nada. Enchufado a una bolsa de plástico, dejé que mis venas se llenaran de una sustancia translúcida. “Orientado en las tres esferas”, decía el informe, pero yo pensaba en el oleaje, el hundimiento y el pinar .

Unos días después, volví al bosque a correr. Como había entrado el otoño, seguía triste el negro que vive en el corazón del soto. Removía junto a su casa las cenizas de una lumbre extinta. En el sur ondeaba sus esperanzas el niño que practica pases con un capote. Yo me sumergí en el pinar y recordé que algunos árboles también están enchufados a bolsas de plástico.

G.G.Q.
Madrid, 22 de septiembre de 2025