Domingo en un restaurante

Tú ya no puedes recordarlo, pero creo que ésta es de ese género de cosas: se trata de uno de esos restaurantes donde el filete de pollo se deja poco hecho, casi crudo, las croquetas oscuras no parecen recién hechas, la ensalada mixta se sirve un poco aguada y el café se remueve con una cucharilla doblada (una de tus desventuras crónicas era que el cubierto doblado siempre te tocaba a ti).
El murmullo de la gente hace que se hable alzando mucho la voz, casi da migraña. La migraña es un animal con ocho patas que me atenaza fuerte la cabeza en los lugares donde hay mucho ruido. Por suerte estamos en la terraza y no hay un televisor retumbando con el fútbol o las noticias en una esquina, gente acodada atenta a la noticia de que se retira Toni Kroos, o Michel, da igual, históricos con la camiseta blanca y el número ocho.
Todo esto podría suceder en este siglo o en un domingo cualquiera del anterior de no ser porque una pegatina advierte a la entrada del local que es “OBLIGATORIO EL USO DE MASCARILLA” y ya la gente pasa con la cara descubierta sin reparar en ella o pensando que está obsoleta, algo que queda anticuado de la noche a la mañana pero sobrevive años después, como la propaganda de las olimpiadas de 1992 o un cartel electoral que se desluce al sol.
El mantel de tela recia y algo deshilachada parece hecho para empapar lo que no se ha limpiado del todo de la aceitera que decora las mesas vacías junto al servilletero y el bote de mondadientes. Sí, todavía existen esos palillos.
Quizás todo lo que ha pasado sigue ahí ¿no? Uno puede sentir nostalgia a la vez que se convierte ya en recuerdo. No es exactamente el eterno retorno, sino la eterna permanencia de las cosas, a veces silenciosa y a veces súbita. Y también la eterna ausencia.
Bueno, es verdad que ya nadie fuma, que queremos disfrutar de todo de otra manera, la cerveza sin alcohol, los chistes sin picante, la ternura sin acidez.
Es esa hora en que solo los niños piden postre, helados que quizás quedaron del verano anterior, y los mayores toman café y agradecen esos momentos en que se levanta una brisa suave, alivio de tanto sol sol que ya hiere a estas alturas del año. A estas alturas de la vida.
G.G.Q.
Madrid, 26 de mayo de 2024




