Escribe una historia

Escribe una historia

Escribe una historia que comienza mal pero termina bien. Busca las leyes del mundo que todavía no puedes comprender y explica lo que sucede en esos espacios: qué hay entre el edificio y el cielo, entre la piel y la brisa, en el tiempo infinito que el reloj no es capaz de marcar.

Qué será el cielo. Recuerda que hay partes que considerabas tuyas que pero no son de tu cuerpo: boca, hoyuelos, ombligo. El aire de tus pulmones siempre está a punto de ser devuelto en forma de nube invisible. Su flequillo es pelo que ha sido cortado y hay sonidos perdidos a los que llaman espíritu.

He mirado dentro de mí y he aprendido que antes de despertar —antes de abandonar el sueño placentero de las mañanas de primavera— el cuerpo se prepara para huir o luchar sin que tú lo sepas, eleva los niveles de cortisol, eleva los niveles de glucosa, y todo sucede en un ámbito que escapa a tu control e incluso a tu entendimiento, como si aún no estuvieras vivo. Tienes fe en que el aire vuelva a entrar a tus pulmones, en que vuelva la primavera o en que vuelva el sueño plácido que casi todas las mañanas olvidas.

Escribe una historia que nunca termine, que nadie comprenda, ni tan solo tú. O no la escribas. Sueño, hoyuelo, caricia. No hay papel ni fotografía capaz de abarcarlo. Todo sucede al otro lado de la piel —todo es como un rayo de luz que surge o se desvanece—.

G.G.Q.
Madrid, 27 de febrero de 2025