La hondura de esta tarde de invierno

Paseo de la Castellana, Madrid, diciembre de 2024. Paseo de la Castellana, Madrid, diciembre de 2024.

Calma: en la hondura de esta tarde de invierno también se deja ver la luz afilada de los últimos rayos de sol (porque el clima es, sobre todo, un estado de ánimo, y porque lo que tú necesitas, lo que pides, es algo que arroje luz). La iluminación modifica los prismas: el Paseo de la Castellana respira. Surgen por el suelo intentos de humedad cercados por la acción del gradiente asfaltotérmico, indicios de una lluvia reciente que alivia la injusticia toponímica de esta ciudad sin agua. Rugen las bestias, zigzaguean cambiando de carril. Los árboles no dejan ver el bosque y las fachadas de los edificios de oficinas ocultan el atardecer. Bajo su sombra, la quiosquera sigue en su isleta sobreviviendo al frío, por eso parece que está ya todo vendido, que debería haberse ido hace tiempo, que es irremediablemente tarde (no sé si es a causa de un truco de la luz). Las ramas, con su extraña delgadez, igual que los ojos del hombres, miran al cielo sin alcanzarlo. ¿Qué ofrecen o qué imploran?

G.G.Q.
Madrid, 19 de diciembre de 2024