Mariano Fortuny: viajero en la Alhambra

Viejo desnudo al sol. Mariano Fortuny (1871). Viejo desnudo al sol. Mariano Fortuny (1871)

«Único hotel con instalación de agua corriente, fría y caliente, en todas las habitaciones», rezaba el anuncio del hotel Washington Irving en Granada. Su principal atractivo, no obstante, cuando fue inaugurado a mediados del siglo XIX, quizás fuera estar ubicado en los bosques del Alhambra, enclave ideal para los viajeros románticos de la época, gusto inaugurado, si no recuerdo mal, en 1829 por Washington Irving, el escritor que dio nombre al célebre hotel y que construyó buena parte de la actual visión romántica de la Alhambra.

Frente a este hotel (que aún sigue en pie y funcionando, reabierto desde 2016), hubo en tiempos una fonda hoy día desaparecida: la Fonda de los Siete Suelos. Decía el diario La Época de Madrid el 1 de abril de 1867:

«En la Alhambra de Granada, en uno de los mas bellos sitios de la morisca ciudad, se ha montado, según escriben de aquella capital, un gran establecimiento, único en su clase, con objeto de que no carezcan de nada los españoles y estranjaros que hoy visiten la histórica ciudad de los últimos reyes moros. Se llama fonda de los Siete Suelos, y tiene magnificas habitacioaes, jardines, fuentes y soberbios bañes de mármol blanco. El establecimiento, que está a cargo de D. Francico Iniesta, constituye un verdadero sitio da recreo para pasar algunas temporadas».

En el lugar que ocupó esta fonda, podemos encontrar una fuente junto a la que una placa nos recuerda que allí se alojó el pintor catalán Mariano Fortuny. Lo hizo en el verano de 1870.

El Hotel Washington Irving junto a la Fonda de los Siete Suelos, en la Alhambra de Granada El Hotel Washington Irving junto a la Fonda de los Siete Suelos, en la Alhambra de Granada.

Parece ser que fue durante aquel tiempo de estancia en la Fonda de los Siete Suelos cuando pintó Fortuny su Viejo desnudo al sol —la versión que se exhibe en el Museo del Prado— utilizando como modelo a un viejo mendigo del Albaicín. El viejo, de alguna manera, por la barba o por el mentón pronunciado, le había recordado a Carlos V, y le pidió en varias ocasiones que posara para él. No es casual la luz del cuadro, ni su efecto sobre el viejo, que descansa aliviado al calor del sol andaluz. Lo del sol en Andalucía no es sólo una cuestión de intensidad, sino también de calidad. En las vega granadina del río Genil, o en los bosques de la Alhambra, los veranos son suaves —o al menos no tan tórridos como en la meseta— y los inviernos dejan al sol tiempo para dar alivio con unos sanos mediodías cálidos. «Prefiero vivir en Andalucía, donde la vida es tan agradable», escribe Fortuny a su amigo, el coleccionista H. Stewart desde Roma en diciembre de 1872.

La familia —Fortuny, su mujer Cecilia de Madrazo, la hija de ambos M.ª Luisa y Ricardo de Madrazo Garreta, su cuñado y pupilo— había llegado a Granada el 9 de julio de 1870 de madrugada.

En una carta fechada en Granada el 24 de julio de 1870, Ricardo de Madrazo escribe a su padre: «Si vieras dónde estamos, qué bien se está. Estamos en la Alhambra es decir dentro de las murallas que la rodea, mi ventana da a la famosa torre de los siete suelos por donde salió Boabdil (el chico) quando la toma de Granada. Como te gustaría este sitio está lleno de arboledas magnificas a quanto a este punto no parece que estemos en España». Aquella Alhambra, no muy restaurada por entonces, suponína un lugar fronterizo, no sólamente bello sino además lleno de exotismo oriental. Consiguieron que el arquitecto Rafael Contreras les cediera algunas dependencias que utilizaron como estudio o como almacén de cuadros."por las mañanas voy al Albaicín a hacer estudios de patios que son muy pintorescos, como te gustaría tener una de estas casas que casi todas tienen restos árabes, y que no cuestan caras».

Pintaban y viajaban por la provincia. En otra carta de Madrazo a su padre: «La sierra Nevada cada vez se presentaba más grandiosa, a cada paso nos encontrábamos con arroyos de agua tan cristalina que daba ganas de beber. Pasamos por una llanura donde hacía bastante calor. Al fin de dicha llanura principiamos a ver como restos de templos, capiteles, bajorrelieves, que parecía como si estuviésemos en Egipto o Ninive».

En noviembre de 1871 se trasladaron a una casa situada en el Realejo Bajo después de que, unos meses antes, en mayo, naciera en la Fonda de los Siete Suelos el segundo hijo de Mariano Fortuny y Cecilia de Madrazo. Al año siguiente, tuvieron que trasladarse a Roma, pero Mariano Fortuny conservaba la idea de comprar una casa y tener una residencia fija en Andalucía. Según una carta de Madrazo: «Piensa comprar una casa con jardin aquí, me parece que Mariano al fin va a acabar por establecerse en España, pero no en Madrid, más bien en Sevilla o aquí». Pero las cosas no suelen desarrollarse como uno quiere. Aquel proyecto de hogar en Andalucía fue imposible: a causa de una hemorragia estomacal provocada por una úlcera, Mariano Fortuny murió prematuramente en Roma en 1874. Tenía treinta y seis años.

Para saber más:

G.G.Q.
Madrid, 8 de agosto de 2025