Instrucciones para observar un eclipse de Sol
Eclipse total de sol en Francia (11 de agosto de 1999). Foto de Luc Viatour.Todo esto es natural, lo que pasa es que habíamos esperado la primavera durante tanto tiempo… Quiero decir que esta vez el eón invernal ha sido más largo, o nos ha pesado más de lo que esperábamos. Algo florece en el aire últimamente y además estaba eso del eclipse de Sol, así que volvieron las ganas de coger la bicicleta y el otro día estuve buscando unas gafas con cristales especiales para mirar al sol, aunque a mi durante los eclipses me gusta más mirar a la Tierra.
Un eclipse de Tierra: la Luna se interpone y un pedazo de nuestra tierra queda en sombra, bajo una luz que nos hermana en parte por la maravilla y en parte por la extrañeza. Este barrio umbrío se vuelve más amable en las estaciones intermedias, las semanas escasas entre el frío desolador y el calor asfixiante.
Florecen los castaños del parque del Payaso Fofó —exhiben un esplendor de vocación astronómica— y se alargan las tardes sobre las canastas de baloncesto. Cuando escuché en las noticias que nos recomendaban preparar un kit de supervivencia a causa de la probabilidad, remota o no tanto, de que entremos en guerra, me pregunté a favor de quién sería esa guerra.
Varias familias de varios colegios del barrio se juntaron para ayudarnos a observar el eclipse con seguridad: dieron charlas para enseñar a los niños a construir una cámara estenopeica con cajas de cartón para ver el eclipse con mayor seguridad. Por suerte los tiempos corren. Cuando yo estudiaba la EGB, nos enseñaron este principio básico de la cámara oscura y la construimos en clase, pero luego no sabíamos para qué utilizarla, así que nuestro artefacto pretecnológico quedaba arrumbado como una cámara fotográfica a medio hacer y luego los eclipses solares los veíamos con una radiografía, estrategia que no tiene ningún tipo de seguridad y además le roba a la experiencia el gusto de jugar con la luz.
La paz es algo parecido a esto —y es natural—: el sol va y viene y los parques florecen, la brisa corre y tú lo contemplas todo sin necesidad de cuantificarlo, lo puedes contar sin utilizar vocabulario de divisas y sin tener que tomar decisiones estratégicas, basta con no querer bombardear a nadie. (En las gradas que hay en el parque del Payaso Fofó, por cierto, ha terminado por florecer el triángulo rojo que da forma a la bandera de Palestina, muestra del espíritu radicalmente antibelicista del barrio). Nos juntamos unos cuantos y miramos al sol a través de un cristal protector, la bola naranja recortada por la luna al contraluz, una belleza inmensa contada en solo dos colores.
Quiero decir con esto que hacer cosas interesantes, cruzarte con gente de la que aprender o con la que disfrutar, es también natural, como observar un eclipse o la floración del almendro. Seguramente sea el mejor, el más efectivo, de los kits de supervivencia.
G.G.Q.
Madrid, 29 de marzo de 2025





